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Un cubano en Francia
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Qué es la
Internacional Socialista

De Bonaparte a Pío Barajas

De cómo el gran Sancho Panza tomó la posesión de su ínsula.
CAPITULO XLV

"¡Oh perpetuo descubridor de los antípodas, hacha del mundo, ojo del cielo, meneo dulce de las cantimploras, Timbrio aquí, Febo allí, tirador acá, médico acullá, padre de la Poesía, inventor de la Música, tú que siempre sales y, aunque lo parece, nunca te pones! A ti digo, ¡oh sol, con cuya ayuda el hombre engendra al hombre!, a ti digo que me favorezcas, y alumbres la oscuridad de mi ingenio para que pueda discurrir por sus puntos en la narración del gobierno del gran Sancho Panza; que sin ti, yo me siento tibio, desmazalado y confuso."

A modo de retozo intelectual observemos que, en Francia, el bonapartismo de principios del siglo XIX enterró para siempre el ideal revolucionario en su versión "hay-que-romperlo-todo-y-veremos-luego".

En efecto, después de Napoleón - hablo del tío- el cuerpo social francés, ya atomizado en innumerables corrientes, partidos, contracorrientes y movimientos, nunca perdió de vista que de nada podrá servir la entrega del país a un ser supremo arreglador infalible del descalabro humano.

Por esa razón, en Francia, de Napoleón al presente, las revoluciones siempre son parisinas, limitadas, reformistas, poéticas o jocosas. Ellos, los franceses, ya integraron la idea de que Dios nunca lleva uniforme y estrellas aunque, a cambio, los franceses nos vomiten - y nos limpiamos- una de las clases políticas más rancias del occidente cristiano cuyo espectro va de los partidos pro nazis a los movimientos con oscuras referencias a Trotski y a la involución bolchevique.

Hay, en este país, candidatos oficiales a la presidencia de la República que odian a los negros porque son negros, a los ajos porque los judíos comen ajo y a los árabes porque no lo comen.

Pero los franceses tuvieron la suerte de sufrir al corso destripador por menos de veinte años. ¿ Qué hubiese sido de Francia si se hubieran janeado nuestros cuarenta y tantos años lidiando con Pío Barajas ?

Reparemos en que - de entrada - nuestro futuro es un necro-sueño porque va guindado, como piltrafa en garfio de carnicería, a la muerte de un hombre. Eso es cruel, no lo merecemos.

Imaginémonos a Liborio, de vuelta por sus calles tratando de olvidar al chivato de caño y rendija que le quebró el destino. Admirémoslo ya, tratando de ignorar en magno esfuerzo mental al profesor de universidad que pasó más tiempo como inquisidor del " núcleo del partido " que dando clases delante de sus alumnos. Observémoslo pasando - sin mirar y con la cara en alto- delante de la casa del que lo vejó. ¡Vaya programa!

¿Cuál será la reacción colectiva de la "generación comegofio"* ?

¿Ocurrirá quizá como en la difunta - a Dios gracias - R.D.A donde Herr Strubbe, después de haber sido oficial superior en la Dirección General de Información H.V.A (Hauptverwaltung Aufklärung) se encuentra hoy - para no perder la mano - de cartero auxiliar en un pueblecito oscuro y escondido de Sajonia con la firme intención de mudarse para Australia en una tentativa de olvido supremo? Precisemos que Herr Strubbe en los últimos diez meses antes del derrumbe del Muro de Berlín había sido afectado al control y lectura del correo postal privado y que, en esa función de chivato veedor, hizo acto de resistencia a la dictadura pues sólo leía las cartas hasta la mitad…

Y así, la fuerza reveladora de las memorias de Huber Matos recientemente publicadas bajo el título "Cómo llegó la noche" -editorial Tusquets editores, Barcelona - nos abren una parte del génesis del gran misterio en el comportamiento colectivo del pueblo cubano el cual no deja de explicar, a su vez, los comportamientos individuales anunciadores quizá de un indispensable tiempo de silencio y de olvido en espera de que llegue la luz.

¡Que nadie se llame a engaño!: el enano de Ajaccio habrá sido un niño de teta al lado de nuestro nacional Pío Barajas quien nos ha prometido siempre un final post mortem adornado con glorias y fuegos artificiales gracias al cual, después del velorio, a los que vengan les hará falta Dios y ayuda.

Como bien dice un conocido escritor costumbrista habanero "no seré del primer avión".

*"La generación comegofio": Son los millones de cubanos de entre 40 y 55 años que pasamos por becas en las que comíamos gofio, junto a otros alimentos, claro.


Luis Tornés Aguililla
lta58@wanadoo.fr

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