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Un cubano en Francia
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por Luis Tornés Aguililla

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15 de octubre 2004.

 
Fui a Weimar (Alemania)

Fui a Weimar el pasado 7 de octubre y, de momento, casi al tocar a la puerta de la casa en la que me hospedé, me acordé de que ese día del año fue durante casi medio siglo, el día de la " fiesta nacional " de la para siempre difunta República Democrática Alemana. (R.D.A).

A pie fuimos a cenar al casco histórico de la ciudad y para ir al grano digamos que, absolutamente nada visible recuerda que en ese pueblo se vivieron desde 1933 hasta 1989 dos dictaduras sui géneris –como diría el curro con garras-

Yo había llegado a Weimar ( Turingia ) para ver con mis propios ojos las destrucciones provocadas por la democracia y el pluralismo político. Fui a la oficina del empleo o digamos….del desempleo, allí fui con una amistad alemana que me sirvió de intérprete y pedí cifras y hablé con dos o tres personas que esperaban por una entrevista y tanto la que me dio las cifras como los tres desempleados con quienes hablé, me dijeron que preferían el sistema actual a pesar de todos sus defectos y de todas la críticas que se le puedan hacer.

Visité la casa de Goethe, la casa que está en el parque y la señora que allí cuida, me dijo lo mismo, que ella vivió en el infierno de Antes pero que prefería el infierno de ahora y con desenfado cubano detuve a varias personas en la calle, jóvenes y mayores para hacerles una pregunta simple : ¿ Desearía usted volver al sistema de antes ? y quiero decir aquí con la honestidad que merece un tema de tanta gravedad, que nadie me dijo que deseaba volver al sistema de la para siempre difunta R.D.A. Quizá no di con la parte de la población de Weimar que sí quisiera volver a vivir en el pasado pero me marché de allí el día 9 de octubre casi con la certeza de que la democracia y el pluralismo político, al menos en Weimar, eran ya una necesidad vital, algo consensual.

¡ Ojo !, cierto atajo nostálgico del III Reich o de la dictadura estalinista posee en esa región alguna fuerza política pues, efectivamente, muchas empresas ( no todas ) de la ex-R.D.A quedaron pulverizadas porque sus producciones no se podían medir con lo producido en el resto de Europa y de hecho, allí hubo y hay desempleo, mucha gente se quedó al principio del cambio prácticamente al margen de la sociedad y otros viven aún una fuerte crisis de identidad, en particular, las personas que salían de la adolescencia en el momento del derrumbe del Muro de Berlín. Se trata, sociológicamente hablando, de fenómenos marginales en los que la historia dramática de Alemania sirve de apoyo estético y de nostalgia salvadora. Por el momento la sangre no llega al río....

Lo antes escrito sobre la región de Weimar es tal y como ocurrió en España cuando la " mano dura " de Franco era llamada a gritos por algunos y como ocurrirá en Cuba cuando algunos olvidadizos se desgaznaten llorando al Gran Fusilador " vista la indisciplina actual " -dirán entonces -.

En Weimar, problemas hay pero también hay debate democrático y racional en la sociedad alemana. Allí no pasa como en Cuba que cuando no hay electricidad le echan la culpa a un individuo y la cosa se queda ahí puesto que no hay elecciones libres. En toda Alemania, cuando el pueblo quiere cambiar de gobierno lo puede hacer gracias al voto. ¡ Así de simple !. Y no cambia sólo al chivo expiatorio sino al gobierno entero.

En Alemania conversé brevemente con varios cubanos que trabajaban allí en la época de la difunta R.D.A y que después que derrumbamos el muro regresaron a Cuba por órdenes del Curro y se pusieron de suerte ya que luego los autorizaron a que volvieran a Alemania a reunirse con sus esposas e hijos. Algunos de estos cubanos se me quejaron de que " antes " los policías los trataban bien cuando se emborrachaban mientras que " ahora " los cargan para la estación de policía y hasta les ponen multas. ¡ Qué lejos están los tiempos de las motos " MZ " cará… !. Cubanos del pueblo, gente buena pero sometida a la nostalgia aunque vayan a Cuba cada año a matar el cerdo, a llevar regalos y a dar una mano a la familia. La nostalgia del desterrado fue la impresión dominante que me llevé de ellos. No hablamos de política.

Weimar en otoño vale la pena, arces y robles cambian de color y la gente habla sin temor, sin grillete ni bozal. No, nada recuerda que aquel pequeño pueblo de Turingia vivió 56 años seguidos sin poder gritar la palabra LIBERTAD. Me llevé de allí un poco de esperanza y de ánimo.

Estas fotos las tomé en el casco histórico del pueblo de Weimar (Alemania) . Ese día era la "fiesta de la cebolla" en ese pueblo de Turingia y por eso la gente estaba en la calle. No vi destrucciones provocadas por el pluralismo y el contexto democrático. Las busqué bien pero no las encontré. No obstante observad la tristeza de la gente. Un fraternal saludo desde el norte de Francia.





Casa de Goethe en Weimar
Foto de LTA.

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