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ELECCIONES EN AMÉRICA. OPRESIÓN EN CUBA. ¿HASTA CUANDO?
Jorge Hernández Fonseca

En sólo una semana la fiebre electoral ha recorrido de Norte a Sur y de Este a Oeste el Continente Americano. Una buena parte de los pueblos de Nuestra América han podido expresar libremente su opinión, certificando con su voto el candidato que más satisfacía su ideal político, desde EUA a Chile, pasando por Brasil, Uruguay y Venezuela, hasta Nicaragua.

El notable hecho democrático que se sucedió en una buena parte de nuestra geografía continental, por coincidente, contrasta sin embargo con el único pueblo americano al que le está negado elegir a sus gobernantes: el pueblo cubano. Nación que por el camino de las estrategias actuales (y futuras) de los países que hoy eligen libremente sus dirigentes, deberá continuar condenado a la opresión sin esperanzas.

La más notable de las elecciones, sin discusión, fue la escenificada en Estados Unidos para la presidencia del país, donde después de una campaña excluyente y bipolarizada, el pueblo se expresó sin dejar lugar a dudas por el candidato que mejor representa - según los puntos de vistas internos - los intereses del país, dejando boquiabiertos a los que en el mundo siguieron los pasos de estas elecciones, excepto dentro de Cuba, donde una encuesta informal entre los opositores arrojó un abrumador voto en favor de Bush.

Ya han habido análisis dentro de EUA - sobre todo entre los perdedores - sobre las causas reales (o imaginarias) de la victoria de Bush, comenzando a usarse inquietantemente el término "fundamentalista", achacado a grupos religiosos que sin querer imponer nada a nadie, lo único que hicieron fue ir a las urnas a votar, haciéndolo en igual dirección que lo hicieron informalmente los disidentes dentro de la isla, sin que a los cubanos se les pueda tildar por eso de "religiosos fundamentalistas".

Sin embargo y por interesante que resulte registrar los análisis de las causas internas por el resultado de la elección presidencial en EUA, nos concentraremos en los aspectos externos del resultado electoral continental, sobre todo, en lo que a Cuba concierne.

En primer lugar, vale decir que sorprendentemente ninguno de los dos candidatos en EUA dio importancia a América Latina en sus múltiples debates, con lo que nuestra región pasa a ser un área de segunda categoría ante los retos de la política externa norteamericana, y continuará aguardando su "segunda vuelta" en un futuro impredecible.

Mientras eso sucedía en el norte, en el sur el pueblo uruguayo le daba la presidencia a Tabaré Vázquez, un izquierdista que llega al cargo con un discurso que ya escuchamos antes en Chile, Brasil, Argentina, Ecuador y Venezuela, insistiendo en lo poco importante que somos para EUA y lo mucho que debemos auto valorizarnos, uniéndonos.

Lo que no pudo hacer Fidel Castro en Latinoamérica - gastando ríos de dinero que arruinaron la isla - mandando a Che Guevara y comparsa a imponer la guerra de guerrillas en sociedades pacíficas de centro y Sudamérica, se ha logrado por la omisión de las estructuras políticas tradicionales latinoamericanas, barridas del escenario político por la 'nueva izquierda' que hoy mayorea el Continente, con EUA de espaldas al asunto.

No vamos a cuestionar los hechos que internacionalmente hacen que EUA tenga su vista puesta en el Medio Oriente, con un ojo en lo que sucede en una Europa hostil y el otro ojo en una Asia que ocupa cada vez más espacio en el mundo globalizado.

La razón del electorado norteamericano para darle un segundo mandato a Bush fue precisamente esa, premiando su tino al acertar en la esencia del mayor problema que actualmente preocupa a la sociedad estadounidense - el terrorismo - y el peligro que conlleva un desenfoque internacional en momentos que juega el liderazgo mundial en el siglo que se inicia.

No obstante lo acertado del foco principal por parte de EUA, Latinoamérica no puede continuar esperando por las migajas que sobren en la mesa de los poderosos, en momentos que Europa se une en un bloque de sociedades que, si bien de inicio incluyeron solamente países de alto grado de desarrollo económico y social, actualmente se ha expandido hacia sociedades no superiores a la de muchos países latinoamericanos.

Este año no se escuchó hablar del ALCA en nuestro Continente, a no ser en el discurso repetitivo de la dictadura cubana que quiere sepultarla. Los Acuerdos de Libre Comercio fueron silenciados; acuerdos migratorios postergados y apoyos políticos importantes brillaron por su ausencia.

Mientras tanto, el vacío dejado por la diplomacia de EUA en Latinoamérica dio paso a una incipiente política de unidad continental propugnada desde Brasilia y Buenos Aires, con la aprobación y el entusiasmo de un Hugo Chávez devenido benefactor del dictador cubano y que para reforzar sus pretensiones hegemónicas extiende a otros países centroamericanos y caribeños sus bondades petroleras.

Como testigo excepcional de la actual experiencia izquierdista brasileña en el poder y sus incipientes logros, así como de los sabidos adelantos que similar tendencia política se ha experimentado en Chile, creo que la extensión de la experiencia a Uruguay no puede provocarnos un ataque de nervios.

Sin embargo, la experiencia electoral venezolana de esta semana, totalmente apocalíptica para los opositores a Hugo Chávez, nos coloca ante una disyuntiva preocupante: si bien esta izquierda en el poder en Latinoamérica no representa el peligro castrista de los años sesenta, al menos permite abrir gustosamente el oxígeno que el dictador cubano tan ávidamente necesita para darle aire a su sucesor.

Lula da Silva quiso imponer a Latinoamérica la propuesta de llevar la dictadura cubana nada menos que al seno del Grupo de Río. Tabaré Vázquez anuncia, desde el Olimpo de su triunfo innegable, el reestablecimiento de relaciones diplomáticas con la Habana (rotas no por un diferendo ideológico, sino porque el dictador cubano faltó el respeto al presidente de la República Uruguaya de una manera bochornosa). Kirchner anuncia pomposamente su próxima visita a la isla para manifestar el apoyo a una dictadura similar a la que él ayudó a combatir en su propia tierra y Hugo Chávez finalmente, se complace en visitar al anciano dictador convaleciente, expresando ridículos epítetos sobre su "vitalidad y dinamismo", precisamente cuando está postrado en una silla de ruedas.

Como si todo esto fuera poco, Europa, a instancias de un Zapatero ávido de protagonismo anti norteamericano, inicia un camino sin retorno para colocar al dictador dentro del Acuerdo de Cotonú, alentado por el petróleo que la Repsol española encontró en las costas cubanas, precisamente en momentos que los mercaderes norteamericanos también "hacen su Agosto" en la Habana, vendiendo a la dictadura hasta chiclets.

El dictador cubano, que se estima vencedor de estas “batallas”, disfruta de sobrevivencia gracias a que es usado por toda Latinoamérica como una baraja de cambio y de reafirmación de los países de la región ante los Estados Unidos.

Es usado por Europa como factor estratégico en el complejo juego geopolítico internacional que la Unión Europea está jugando ante Norteamérica defendiendo sus intereses. Es usado por Estados Unidos, en medio de su empobrecimiento y miseria, como un ejemplo de como un país próspero y rico fue convertido en cenizas por los efectos de una ideología enemiga de la democracia, ejemplo que sería muy bueno de preservar si no costara tanta sangre y sufrimientos a un pueblo esclavizado durante 45 años.

¿Que queda para los mejores hijos de “la isla más hermosa que ojos humanos vieron”?; ¿para sobra para el mayor poeta cubano vivo, orgullo de la Nación cubana y de la lengua española?: podrirse en las mazmorras de Canaleta sometido a todo tipo de vejaciones.

Que Latinoamérica se dé gobiernos de izquierda por reclamo popular, no puede significar menos que una expresión plausible del desarrollo ideológico de estas sociedades; ojalá Cuba pudiera hacerlo libremente.

Que los mercaderes norteamericanos se dediquen a venderle al déspota el papel de inodoro que no es capaz de producir, no significa sino el que han mordido el anzuelo que le permitirá al dictador cubano luchar con ventajas ante Bush, para que finalmente le mande los turistas norteamericanos a la isla y así pagar puntualmente las compras norteamericanas; ojalá que los cubanos empresarios pudieran regresar a Cuba, para poder producir la comida que ahora se importa.

Que EUA dedique toda su capacidad defensiva a librar una lucha sin cuartel contra el terrorismo en Asia, no significa sino la expresión de la primera potencial mundial que no evade sus responsabilidades mundiales; ojalá que pudiéramos tener una patria libre que también luchara contra el terrorismo.

Que Norteamérica someta a Europa, China y Japón - sus principales competidores comerciales por el liderazgo mundial del siglo XXI - a los efectos nocivos de una política precios altos del petróleo y de devaluación del dólar frente al euro, significa que los norteamericanos están llevando muy en serio el papel de líderes que detentan y que no están dispuestos a abandonarlo por un ataque extemporáneo.

Todo esto sin embargo se suma para propiciar un respiro a la dictadura cubana. No hay siquiera un resquicio de oportunidad para ver como se encajan las cosas de manera que Latinoamérica presione al dictador a dar una salida democrática en la isla.

Mucho menos lo hay desde la óptica europea, casi totalmente pro castrista. Y en los Estados Unidos por su parte, los intereses comerciales se unen para demandar una salida negociada al viaje de sus turistas a la isla mientras China ve en los sucesores del dictador, el mantenimiento de una avanzada en América para extender su influencia futura en todos los campos.

Todo esto significa que el dictador cubano podrá impunemente designar su sucesor en un proceso involutivo, de espaldas a pueblo cubano, mientras el mundo celebra elecciones democráticas, elige y alterna sus gobernantes, a veces a costa de Cuba. El análisis anterior casi implica que el pueblo de la isla deberá ser sacrificado ante el altar de la alta estrategia norteamericana, europea, mundial y continental. ¡Es una verdadera vergüenza!

Si este análisis tiene algo de real, está claro que ha llegado el momento de los cubanos ponernos los pantalones donde quiera que nos encontremos - y al precio que sea necesario - e ir a buscar lo que toda Latinoamérica y el mundo civilizado disfruta hace muchos años: democracia y libertad.

Basta ya de ser comprensivos con los argumentos de sociedades que nunca sangrarán por nuestras heridas y de continuar por el camino de comentar las elecciones ajenas y los logros de otros, cuando nuestros mejores hombres dentro de la isla son sometidos a todo tipo de vejaciones en cárceles putrefactas.

Ha llegado la hora de exigir e imponer nuestra propia agenda por la libertad de Cuba ante todos los países del mundo, en un proceso que definitivamente haga comprender - sobre todo a EUA, Europa y Latinoamérica - que hasta que Cuba no sea libre y democrática, al precio que sea necesario, no podrá hablarse nunca más de democracia en el Continente.

NetforCuba International www.netforcuba.org

Solo la opresión debe temer al pleno ejercicio de la libertad. Libertad es el derecho que todo hombre tiene a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía. Un hombre que oculta lo que piensa, o no se atreve a decir lo que piensa, no es un hombre honrado. Un hombre que obedece a un mal gobierno, sin trabajar para que el gobierno sea bueno, no es un hombre honrado.

José Martí

 


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