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Saramago, Galeano,
Heinz Dieterich Steffan y la dictadura del otro

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Qué es la
Internacional Socialista

Jorge Hernández Fonseca
24 de Abril de 2003

Desde que el dictador mandó a fusilar tres jóvenes cubanos el pasado 11 de Abril, una pluma extranjera se ha puesto al servicio de la dictadura cubana para defender - a capa y espada - tanto los asesinatos de los tres emigrantes ilegales fusilados, como los bibliotecarios, periodistas y poetas injustamente encarcelados por el régimen cubano; se trata de Heinz Dieterich Steffan.

Ya este autor había escrito antes una defensa de los fusilamientos, que le valió su publicación en La Jiribilla; ahora Granma lo premia publicando otro artículo suyo (¿por encargo?) - el 24 de Abril - que ataca nada menos que a José Saramago y a Eduardo Galeano.

De no saber que se trata de una pluma al servicio de la dictadura, podríamos decir que el autor trata de ganar mérito al atacar a dos escritores de renombre, glorias de nuestras letras iberoamericanas, como se trasluce incluso por sus nombres de fuerte sonoridad latina.

Heinz Dieterich trata primero de desvirtuar los argumentos del Nobel portugués José Saramago, pero se rinde a lo imposible de su intento, no sin antes atacarlo diciendo que se ha quedado "en el reino de la axiología abstracta, fiel a sus verdades absolutas", cuando todos hemos leído su artículo, donde sólo expone dudas que lo llevan a romper con la dictadura, punto.

No conforme con el ataque se dispone a verter más hiel sobre una gloria de la literatura mundial diciendo que Saramago critica los desmanes de la dictadura "desde la posición del intelectual principista parapetado en la fortaleza de las verdades metafísicas abstractas", pero admite, "la posición del novelista lusitano es un reducto intelectual de lujo, casi escolástico, podría decirse, pero consistente".

Surge de inmediato en el lector la pregunta obligada, ¿si Saramago ha sido consistente en su rompimiento con el dictador cubano, cual es la crítica?

La tesis básica del artículo es que tanto Saramago como Galeano son intelectuales desligados del mundo real y que desde su torre de marfil desconocen la necesidad de fusilar inocentes si se quiere conservar el poder y Heinz Dietrich lo explica con el mayor cinismo.

Para redondear su idea, el autor escribe incluso una frase en alemán, demostrando su erudicción al escribir en una lengua extraña al contexto latinoamericano, como si alguien que habiendo leído su nombre en el artículo no imaginara que el autor sabe perfectamente el alemán.

Eduardo Galeano tituló su artículo "Cuba Duele", y en él expone sus puntos de vista sobre la ineficacia del partido único y la perdida de vitalidad del proceso revolucionario cubano, convertido en una la burocracia policiaca. Cita Galeano una frase de la revolucionaria Rosa Luxemburgo referido a que "la libertad, es la libertad del que piensa diferente".

Como los argumentos de Galeano y Saramago son irrebatibles - tanto por verdaderos, como por personales y propios - el autor se dedica a tratar de desviar la discusión hacia posiciones "científicas", montándose en la nube magenta de la crítica a los intelectuales que no saben lo que es la práctica, cuando dice, "para actuar ante un problema concreto, se requiere de una ética material, es decir, una ética de contenidos, no de una axiología formal-abstracta", pero reconoce, "En el ámbito de las verdades abstractas existe, sin duda, una gran armonía cósmica sobre el derecho a la disidencia, a la libertad de opinión y a la democracia", para entonces, después de reconocer con la frase anterior la razón de Galeano y Saramago, pasar a su enfoque "real" vinculado - según entiende el autor - al valor relativo de la libertad "del otro" cuando se pregunta "si se afirma que la "libertad es siempre la libertad del otro", hay que decir, si este axioma vale cuando el otro se llama Adolfo Hitler, o Ariel Sharon, o George Bush", reafirmando el conocido principio leninista de que la libertad es sólo para los militantes del partido; los que no son "del" partido no tienen derecho a la libertad, descalificando a Bush y a Sharon y colocando a Hitler quizá como un recuerdo de su infancia, que no entendemos muy bien porqué está colocado en un artículo que trata problemas de Cuba. Heinz Dietrich sabrá.

Es importante decir que Steffan escribe sobre ciencia sin saber lo que es. Ataca a dos literatos con argumentos supuestamente "científicos", a partir de postulados extraídos de una doctrina que no es científica. La ciencia posee un método para determinar su entorno; no bastan las hipótesis marxistas tratando de modificar el mundo real que Steffan supuestamente defiende; es necesario que estas hipótesis sean convenientemente demostradas en la realidad que tanto dice amar el autor y que supuestamente le falta a Galeano y Saramago según él.

El marxismo leninismo nunca salió de la teoría ni siquiera a producir papel de inodoro. Que lo digan sino Rusia y su fracaso; toda la Europa Oriental y la desintegración socialista; o que lo atestigüe China y su actual capitalismo de estado. Pero sobre todo, que Steffan vaya a la Habana para ver en funciones sus principios asociados a la práctica que supuestamente no tienen Saramago y Galeano y verá a los cubanos usando el periódico Granma - donde publicó su artículo - en sustitución del papel de inodoro que el socialismo no produce. La ciencia de Steffan es sólo hipótesis - como su marxismo - lo cual la tira del campo científico por no haber sido demostrado en la práctica social.

Metodologicamente la ciencia debe ser demostrada en la naturaleza para que sea considerada como tal y eso el marxismo leninismo - del que Steffan extrae sus críticas hacia Galeano y Saramago - no consiguió hacerlo; se ha quedado en el papel, porque las sociedades que se construyeron (muchas) con los principios que sustenta Steffan, fracasaron estrepitosamente y si algo demostraron como verdad científica, es que los principios marxistas no son aplicables en la realidad social.

Considero lógicamente que los amantes de la dictadura "del otro" - como es el caso de Steffan - tienen derecho a opinar sobre los cubanos presos y fusilados. Sin embargo, es sospechoso ver como el dictador tiene que encargar a escritores mercenarios extranjeros las letras que justifiquen sus desmanes, teniendo en la isla un sumiso club de escritores y artistas y otro no menos sumiso de periodistas aduladores. ¿No será que hasta los más abyectos escritores del patio les resulta repulsivo escribir justificativas sobre sus hermanos fusilados y es preciso recurrir a plumas extranjeras que no les duele los plomos que truzidaron carne criolla inocente?

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Artículo original:

Saramago, Galeano y Fidel Castro
HEINZ DIETERICH STEFFAN

Pocos días después de la ruptura pública del Premio Nobel de Literatura, José Saramago, con la Revolución cubana, a raíz del fusilamiento de tres secuestradores de un ferry y de drásticas penas carcelarias de "periodistas disidentes", Eduardo Galeano se deslinda en el artículo "Cuba duele", de un "modelo de poder" que está "en decadencia" y que "convierte en mérito revolucionario la obediencia a las órdenes que bajan... desde las cumbres".

Galeano dice que nunca creyó en la "democracia del partido único", ni en la omnipotencia del Estado como "respuesta a la omnipotencia del mercado"; que la Revolución ha ido perdiendo el "viento de espontaneidad y de frescura que desde el principio lo empujó"; que hay "un desastre de los estados comunistas convertidos en estados policiales", lo que es una "traición al socialismo" y que el Gobierno cubano trató a los grupos que colaboran con el Jefe de la Sección de Intereses de Estados Unidos, James Cason, "como si fueran una grave amenaza".

El escritor sí cree en el "sagrado derecho a la autodeterminación de los pueblos"; que la "apertura democrática" en Cuba es, "más que nunca, imprescindible"; que han de ser los cubanos, "sin que nadie venga a meter mano desde afuera, quienes abran nuevos espacios democráticos, y conquisten las libertades que faltan" y que Rosa Luxemburgo tenía razón frente a Lenin, cuando decía que "libertad es siempre la libertad de quien piensa diferente": Freiheit ist immer die Freiheit des Andersdenkenden.

Si Rosa Luxemburgo tenía razón frente a Lenin o no, es un largo debate. Lo que no requiere debate es el status lógico de su célebre afirmación sobre la libertad del otro. Al igual que el congénito aforismo de Voltaire sobre la libertad, 150 años antes, y el imperativo categórico de Immanuel Kant, se trata de enunciados prescriptivos abstractos y generales que no sirven para resolver una dificultad concreta. Para actuar ante un problema concreto, se requiere de una ética material, es decir, una ética de contenidos, no de una axiología formal-abstracta.

En el ámbito de las verdades abstractas existe, sin duda, una gran armonía cósmica sobre el derecho a la disidencia, a la libertad de opinión y a la democracia. Richard Nixon, Ronald Reagan, George Bush, Tony Blair y Ariel Sharon actúan justo en nombre de estos valores, cuando queman a vietnamitas con napalm, despedazan con bombas de racimo a niños en Palestina o pulverizan a afganos con bombas de combustión.

No, la verdad es concreta y si se afirma que la "libertad es siempre la libertad del otro", hay que decir, si este axioma vale cuando el otro se llama Adolfo Hitler, o Ariel Sharon, o George Bush y sus ejecutores subalternos.

Esta es la esencia de la discusión sobre los fusilamientos en Cuba, porque es el quid de la praxis. Saramago se ha quedado en el reino de la axiología abstracta, fiel a sus verdades absolutas, no carcomidas por las incertidumbres, contradicciones y tragedias de la vida real. "Hasta aquí he llegado", dice, en una reminiscencia del consummatum est del nazareno: "Cuba seguirá su camino, yo me quedo".

Es el evangelio según Jesús; pero no desde el lugar de la víctima, que sostiene su credo con absolutismo inquebrantable durante toda la via crucis de su praxis de transformación social, hasta llegar a su Gólgota; sino desde la posición del intelectual principista parapetado en la fortaleza de las verdades metafísicas abstractas.

La posición del novelista lusitano es un reducto intelectual de lujo, casi escolástico, podría decirse, pero consistente. La del escritor uruguayo es un falso compromiso entre el diagnóstico de la realidad, y la terapia: es inconsistente. Donde tiene que dar respuestas concretas para el problema cubano, se refugia en desiderata generales, es decir, combina afirmaciones críticas con aspiraciones utópicas, que están fuera de la realidad del problema. Si Saramago es un monasterio en la colina, Galeano es un castillo en el aire.

Galeano dice que no cree en la "democracia del partido único". El partido único en Cuba no nace, como él sabe, del Leninismo, sino de la comprensión de José Martí, de que cualquier división política de Cuba termina en el colonialismo.

Abstrayendo de esto: si el autor no cree en la "democracia del partido único", ¿en qué superestructura política para Cuba cree? ¿En la democracia del multipartidismo? ¿No, tampoco? Entonces, ¿con qué va a sustituir a la superestructura política actual de Cuba?

Eduardo Galeano afirma que han de ser los cubanos, "quienes abran nuevos espacios democráticos, y conquisten las libertades que faltan", "sin que nadie venga a meter mano desde afuera". ¡Qué bello!

George Bush, quien acaba de meter, no las manos, sino 270 mil agresores armados con tanques y bombarderos estratégicos a Iraq, quien acaba de confirmar en una fábrica de cazas F-18, que Washington debe mantener todas las ventajas "que tiene en armas, tecnologías y espionaje", respetará sin duda este deseo del autor de Las venas abiertas de América Latina, de que los cubanos puedan construir su democracia sin injerencia "desde afuera".

Cita afirmativamente a la revolucionaria Rosa Luxemburg -quien fue asesinada a culatazos en enero de 1919 por las hordas del gran capital alemán y tirada al Canal Landwehr en Berlín, como si fuera un animal- cuando dice que "sin elecciones generales, sin una libertad de prensa y una libertad de reunión ilimitadas, la vida vegeta... en todas las instituciones públicas".

¿Florecería la vida en las instituciones públicas cubanas si tuvieran elecciones generales, libertad de prensa y de reunión ilimitada, a unas cuantas millas de Miami y de Washington, donde los Bush se robaron las elecciones y desde donde han concebido más de 600 intentos de asesinato contra el Presidente cubano, Fidel Castro?

En uno de sus textos, Galeano dice que no pretende ser objetivo, es decir, se reserva el derecho de ser subjetivo o, lo que es lo mismo, no científico. Por eso, probablemente, no ve ningún problema en plantear "la apertura democrática" en Cuba que sustituiría a la superestructura política cubana con la "democracia nostra" del Tercer Mundo que empiezan a disfrutar los iraquíes.

Claro, todavía no saben manejar la nueva democracia y el derecho a la disidencia responsablemente, pero la pedagogía de los marines cambiará esto rápidamente. Hace algunos días, los marines fusilaron a veinte civiles en Iraq en una manifestación pacífica, sin leerles sus derechos, sin respetar su "libertad de reunión ilimitada" y sin juicio alguno, ni siquiera sumario.

Frente a la cómoda posición principista de Saramago y la patética posición subjetivista de Galeano, existe una tercera posición frente a los fusilamientos: disentir con la pena de muerte y ser solidario con los heroicos esfuerzos del proyecto cubano, de no caer como "fruta madura en el seno de Estados Unidos", como predijeron los incubadores de la doctrina Monroe hace 200 años.

El futuro de Cuba no está en la podrida institucionalidad de la civilización burguesa, ni en el control de sus corruptas elites. Su futuro está en la apertura hacia la democracia participativa postcapitalista y de esta no hablan Galeano y Saramago.

Como diría Lenin: "Un paso adelante, dos atrás."

Tomado de Granma


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