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VIGENCIA DE LA PATRIA ES DE TODOS

En 1997 se publicó La Patria es de Todos a modo de crítica a la dificilísima situación afrontada por nuestro país y de respuesta al documento elaborado por el Partido Comunista de Cuba de cara a su V Congreso. Pese a que ello se había hecho en respuesta a la invitación formulada a los ciudadanos para que expresasen sus criterios al respecto, unos días después de dar a conocer nuestras ideas fuimos conducidos al cuartel general de la policía política, en lo que constituyó el prólogo a varios años de injusta prisión. Desde entonces ha decursado bastante tiempo.

Cualquiera podría pensar que, en un mundo tan dinámico como el actual, los ocho años transcurridos son más que suficientes para que un documento político como el elaborado por nosotros pierda actualidad y quede solamente —en el mejor de los casos— como objeto de la curiosidad de los estudiosos de la historia. No en Cuba: Nuestra sufrida Patria, que desde hace más de 46 años padece un régimen que se dice revolucionario, es en realidad uno de los países más inmovilista del orbe. Las autoridades castristas rechazan a rajatabla cualquier medida que implique un cambio real, y esto ha conducido a que — desgraciadamente para los destinos de nuestro hogar nacional— aquel escrito de hace ocho años mantenga aún su total vigencia, lo que implica que en todo ese tiempo no ha pasado algo que mejore la calidad de vida del ciudadano común.

Ciertamente: Cuba continúa sufriendo un régimen totalitario, y el unipartidísmo vigente —impuesto por decreto desde las cumbres del poder— sigue siendo presentado como una supuesta manifestación de la “unidad del pueblo”. Lo mismo puede decirse de los objetivos que busca con su actuación el gobierno: no servir al pueblo, sino ser su dictador. Se mantienen la falta de libertades y la represión, que hace ya casi dos años alcanzó una nueva cumbre durante el llamado Marzo Negro de 2003. La justicia continúa ausente de nuestro suelo, pues los tribunales —al igual que los demás organismos— se pliegan a la voluntad del poder totalitario. El cubano mantiene su condición de persona de tercera clase en su propio país.

La economía permanece en la misma situación ruinosa que denunciábamos en 1997, aunque agravada al extremo de haber caído en una crisis irreversible; lo que se quiere hacer ver como un logro financiero —el cambio del uso del dólar por el del peso convertible (que carece de valor por falta de respaldo material)— en breve se convertirá para el propio gobierno en un bumerán y ocasionará consecuencias desastrosas para nuestro pueblo. Este último sigue sufriendo carencias de todo tipo (tanto en lo material como en lo espiritual).

En los casos en que señalábamos el lapso durante el cual se había mantenido una determinada situación, el fenómeno persiste todavía, sólo que ahora es más antiguo: el racionamiento dura ya 43 años, con lo que cada día se establece un nuevo record mundial virtualmente imbatible; el fracaso de las UBPC, que augurábamos en base a la experiencia de un trienio, adquiere títulos de certidumbre ahora que ha decursado más de una década.

En cuanto a las llamadas “conquistas de la Revolución”  que el régimen enarbola como su justificación histórica —y que al momento de publicar La Patria es de Todos tenían más de una treintena de años de antigüedad—, pasan ya de la cuarentena, de modo que éste es ahora el período durante el cual el régimen ha permanecido sin aportarle nada al sufrido pueblo cubano.

Pese a que cualquier análisis objetivo de los datos históricos demuestra el efecto negativo que el mantenimiento por decenios del status quo ha tenido y tiene en los destinos de nuestra Patria, el régimen sigue recurriendo a la práctica de tergiversar la historia —y aun la realidad— para tratar de justificar su continuada permanencia en el poder. A esos efectos no vacila —en los hechos— en presentar el constante enfrentamiento con nuestros vecinos del norte —a los que pretende culpar de todas las desgracias nacionales— como la razón de ser de nuestro Estado.

Pese a la profundidad de la crisis, las autoridades continúan mostrándose incapaces de exhibir un programa concreto para sacar a Cuba de esa terrible situación, y de modo análogo carecen de un plan de medidas para solucionar los diferendos internacionales existentes. Esos señores, que no tienen nada viable que ofrecerle al pueblo, no hacen más que plantearle a éste la necesidad de “resistir”, sin tomarse la molestia de explicarle para qué. También recurren a campañas absurdas como La Batalla de Ideas, que más que tal es en realidad una batalla contra las ideas, pues la prioridad de la misma es la imposición de los criterios del gobierno y la represión de los que se atreven a pensar con su propia cabeza, ya que han sido y son incapaces de satisfacer las carencias que ellos mismos han ocasionado con su ineficiencia y su control absoluto.

No es necesario seguir esperando: Está demostrado que, dentro del modelo actual, ni ocho años más serán suficientes para que nuestro pueblo halle una respuesta. En vista del estado de verdadera postración en que se encuentra nuestra Patria, hoy más que nunca se hace necesario avanzar hacia la democracia y buscar una salida pacífica a la honda crisis. En ese camino —en el que creemos que el documento publicado hace ocho años debe permanecer como la bandera con la que llevemos a feliz término nuestra lucha por la libertad— debemos contar con cada uno de los miembros de la Nación Cubana, pues estamos cada vez más convencidos de que
LA PATRIA ES DE TODOS
.

La Habana, enero de 2005.

Félix Antonio Bonne Carcassés

René Gómez Manzano

Vladimiro Roca Antúnez

Martha Beatriz Roque Cabello

 

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